Pintarte o no el cuerno

Matrimonio y vida en pareja

Pintarte o no el cuerno

El caso que voy a contarles es muy común, por triste que pueda parecer. Una mujer que puede ser muy admirada, incluso deseada afuera, pero que en casa, dentro de su matrimonio, es poco vista, quiero decir, no que sea invisible a su marido, si no que él adora la idea que se hizo de ella. Porque todos nos contamos alguna película de la relación que vivimos, muy pocas veces es la versión real. Tantas otras, la que nos acomoda. Por ahí va la cosa. La versión de mujer que un hombre se cuenta y de la que por ningún motivo quiere que cambie, cómo se ven juntos en una foto, cómo le adorna la vida con su personalidad y su fachada. Ok, sí. Pero a la hora que a ella le da por ser la que de verdad es, cuando se permite ser auténtica y mostrarle lo que de verdad sueña, anhela y persigue en la vida, le comparte su parte vulnerable, sus debilidades, lo que la hace diferente, ahí ya no es una pareja tan cómoda.

Esa mujer existe en muchas casas, es la mujer de muchos hombres que difícilmente lo aceptan.

No es difícil imaginar que a esa mujer se le desmorona la vida, por dentro. Y se debate entre ser la que él necesita para cumplir su sueño perfecto de matrimonio y llevar la fiesta en paz o ser quien es. Y qué manera de dividirse, porque al solo dudarlo, se traiciona, se pinta el cuerno ella misma, se va marchitando, se seca.

Anda triste, no se siente comprendida, ni vista, incluso siente que ruega por contacto, tanto emocional como físico. Y no lo es. Es “adorada” en su versión que él compuso para su comodidad, para quedar bien, para andar muy bien acompañado.

Hay de dos: o se hace cada día más chiquita su autoestima (si es que algo le queda) o se respeta, se lo comparte, intenta que pueda ver la realidad tal cual es, o tendrá que dejar la relación. Y puede quererlo mucho pero no puede querer ese ritmo que a cada rato la hace más chiquita, incluso frente a sus propios ojos.

No puede vivir para despertar con alguien que la prefiere otra, aun siendo ella misma, pero otra, en la mente y conveniencia del hombre con quien vive.

Es muy difícil que todos dejemos la versión que nos contamos de cierta relación que escogimos, nos clavamos y atornillamos repitiéndonos todos los porqués de escogerla. Requiere humildad aceptar que nos compramos algo no tan efectivo, que fuimos nosotras mismas quienes armamos, escribimos, dirigimos y actuamos esa película. Y ojo: toda relación trata de eso, lo mismo pasa en la relación madre-hijo, la relación con nuestros padres, amigos, cada quién se cuenta el tipo de relación y las versiones que mejor nos sientan. Es normal y humano.

Nos encanta repetirnos las enormes virtudes de nuestros hijos, de nuestras amigas, de nuestras relaciones, en general. Es duro toparse con la pared (o mejor decir espejo) de nuestras decisiones.

Lo que va a decidir la mujer en el caso que venía contando (y donde digo “la” son “las miles”) solo depende de ella, de cuánto pueda soportar esa “adoración” desde afuera, esa “gran aceptación” frente a los amigos, esa “pareja de portada” en lo social. Porque la verdad sigue una vez que salieron del evento, llegan a casa, se quitan cada accesorio que los vuelve espectaculares. Y quedan ellos. Sin más, ellos, tendidos en su realidad cotidiana, ella, sintiendo que lo que él ve de ella, no ES ella.

Y él, frente a toda esa exigencia que ella ahora le comparte, ya no se siente TAN a gusto. Ya no es SU personaje, tal como lo esculpió, justo y exacto, para su vida.

Igual y una terapia (una buenísima) logre hacerle ver que SU mujer no es la que dibujó en sus sueños, o sí, pero ha ido cambiando. Y no siempre en la medida y proporción que él quisiera. Lo siento, no es un títere ni muñequito de quitar y poner (aunque lo parezca).

La muñequita que se quedó callada y que de novia era perfecta, exacta como él la quería, la esposa que decía que sí a todo y todo concedía, creció, cambió, o simplemente necesita OTRO tipo de pareja a su lado. Muchas veces deseando que sea él, el que escogió, pero que sepa adaptarse a sus nuevas necesidades.

¿Hay traición? Ninguna.

Ni ella sabía entonces, que su madurez iba a exigir otro tipo de escucha, otro tono en las conversaciones, otra manera de ser mirada y aceptada. QUERIDA como ES.

Eso es lo tremendo del amor, que puede ser eterno, lo que no es eterno es que sigamos sin cambios, cinco, diez años después, mucho menos veinte. ¿Quién no cambia conforme pasa el tiempo? Y ¡qué regalo! ¿Quién querría despertar, vivir y compartir la vida sin cambios con el novio de smoking, idéntico, al que conoció? También sería indeciblemente aburrido. Y eso hablaría de un estancamiento que nadie desea. Nietzsche decía “Espera veneno del agua estancada”. Y ahí está dicho todo.

Ahí está el riesgo enorme o, prefiero verlo como el GRAN reto. Ir creciendo a la par, aceptar lo que el otro nos va pidiendo conforme cambia la vida, aceptar que la película va tomando matices distintos, que la trama cambia, los actores cambian y el desenlace está en nuestras manos. Suyas o nuestras. Y que quedarse solo por no aceptar que nos equivocamos o que el amor y admiración solo llegó hasta cierto punto, es pintarnos los cuernos a nosotros mismos. Y tampoco va por ahí.

Y ojo: no lo he dicho pero el cambio también sucede del otro lado. Ese hombre al ir cambiando, también pide y necesita otra cosa. Y está en cada una, saber si pueden, quieren y les nutre lo que la nueva relación exige. Ser auténticamente felices juntos ¿Será mucho pedir? Mientras lo descubrimos, seámonos fieles a nosotros mismos.

 

 

7 Comments

  1. Me encantó!!!! Sin duda lo mejor seria ir creciendo juntos pero es muuuy complicado!!! Definitivamente hay que serte fiel a ti mismo !!!! Si no, como dices; la amargura y la frustracion de invaden y te vuelves incapaz de disfrutar o hacer que los que estan a tu alrededor disfruten. Si es asi, mejor moverse…. besos Mel!!! Soy tu fan❤️

  2. Uff Mel, me recordaste todo mi matrimonio.
    Yo me casé pensando que íbamos a crecer juntos…. y no fue asi… el siguió siendo el mismo que conocí a los 23 años y yo cambié.
    Me traicioné muchos años, acomodando mi manera de pensar y de ser para que no dispararme mucho de la de el, y lo único que paso fue que me enfermé de Lupus.

    El Lupus es una enfermedad autoimmune, que piensa que está enfermo y ataca a tu cuerpo “sano” ua enfermeras tremendamente horrible que no se a deseo a nadie, que te da por “mala suerte”
    No hay “mala suerte” al final eso es lo que estaba haciendo con mi vida, por no salir y ser quien era para no “hacer sombra” me estaba matando a mi misma,
    La pareja perfecta, eso era lo que todo mundo nos llamaba!
    Perfecta! Jajaja imagínate!
    Perfectamente infeliz era yo, pero el, el decía que era el hombre más feliz!
    Si me pinte el cuerno, me falle a mi misma varías veces. Y sabes que… la culpa es de nosotras mismas.

    Ya tengo tres años de divorciada y soy inmensamente feliz! Me recupere a mi misma, estoy sana!

    Pero lo que más me costo trabajo fue perdonarme a mi misma, perdonar que me hice tanto daño, perdonar que yo decidí perderme en una relación que no era para mi.

    Por ahí dicen que los hombres se casan pensando que ellas no van a cambiar y que nosotras nos casamos pensándonos que ellos van a cambiar

    Te amo! Gracias por escribir y compartir

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