¿Quién da más?

Matrimonio y vida en pareja

¿Quién da más?

Este tema surgió al sugerirles a mis amigas y lectoras que no se casaran antes de su independencia económica. Todas estaban de acuerdo argumentando la importancia de tener una cuenta de ahorros –nunca se sabe qué puede pasar- y saber lo que significa ganar dinero (que no es cosa sencilla) y lo que cuestan las cosas. De pronto, una seguidora me comentó que no era necesario, ya que era mejor buscar un hombre que te mantenga y tú, a cambio, debes tenerlo contento y satisfecho. ¡Ya se imaginarán lo que detonó el comentario! Lo agradezco, así, profundizamos sobre el tema, sin letras chiquitas.

En México, escuchamos a mujeres diciendo frases como: “Mi Papá mantiene a mi Mamá y así me educaron, así que eso es lo que yo quiero”, “Lo suyo es nuestro y lo mío es mío”, “Nunca le digas a tu esposo cuánto ganas, no seas tonta”, “Te tiene que mantener, es su obligación”, “No me deja trabajar, dice que mi rol es estar en la casa con los niños”, “Al marido, ni todo el amor, ni todo el dinero”.

Podría llenarlas de datos como que el machismo, en México, ocurre en todos los ámbitos y clases socioeconómicas, como que la ENDIREH (Encuesta Nacional Sobre La Dinámica de las Relaciones en los Hogares) en el 2016 determinó que el 66.1% de las mujeres mexicanas han sido víctimas de algún tipo de violencia, ya sea física, emocional o sexual. No va por ahí este artículo.

Lo que me encantaría preguntarle a mi lectora que lo comentó: “¿A qué te refieres explícitamente con tenerlo contento y satisfecho?”, “¿Es un tema de estar puestísima para lo que él quiera, cuando quiera y como quiera, pese a tus malos ratos o simplemente es un tema de gratitud y hacerte a ti y a él la relación más llevadera y alivianada?

Ahí es donde creo que está la gran diferencia. La meta final de cada una de nosotras. Y lo que estamos dispuestas a dar, permitir y hasta aguantar por llegar a ella. Porque en la guerra y en el amor todo se vale, ¿o no?

Esto es lo que veo. Las que trabajan todo el día lejos de casa, se sienten como una esponja exprimida, una esponja que entre la casa, el trabajo, los niños y el esposo sienten que no les queda ni una gota por derramar, además las acompaña la culpa a todas horas y en todos lados. Viven una lucha constante donde no saben si sentirse orgullosas ó si están haciendo lo correcto y si sus prioridades están bien colocadas. Las que no trabajan se sienten en deuda infinita y acaban minimizando todo lo que ellas son y hacen, endiosando al “proveedor de la casa”, a quien “le deben todo” (como se los han de repetir cada mañana). Por otro lado, están las que se despiertan cada mañana sintiéndose merecedoras del universo. Para ellas, la nana, la extensión de la tarjeta, los viajes, los regalos y la vida que llevan es lo mínimo que se merecen, ya que siempre fueron “princesas”.

Me pregunto ¿Qué dan ellos y qué damos nosotras a cambio?

Cuando nació mi bebé era diciembre. El regalo de mi suegro fue contratar a una enfermera para que nos apoyara las primeras semanas. Ella me enseñó y ayudó muchísimo. Diciembre, se imaginan, comidas, cenas navideñas. Mi esposo daba por hecho que yo iba a ir a todas, ya que había alguien en casa ayudándome, pero no, aún así, ese no era el tema. Yo quería estar cerquitita, no me le despegaba más que unas cuatro horas en la noche para poder descansar tantito. Cuando vio que yo no tenía ninguna intención de cumplir con sus compromisos sociales, me dijo: “Ok, entonces se va la enfermera, si aquí vas a estar todo el tiempo, pues no la necesitas”. Si, ya sé, para aventarlo del balcón.

A la fecha, siete meses después, la enfermera sigue viniendo los fines de semana, ya sea para salir con él, con amigas o para poder dormir. No fue fácil, me costó varios pleitazos que entendiera que eso era como intentar comprarme, que no se condicionan así las cosas y que se estaba equivocando de mujer. “Si quieres enfermera, vienes a las cenas”. No, compadre, no.

Conozco mujeres a las que, si el esposo les llega borracho de una cita de trabajo y de madrugada, ya queda en entendido que no va a haber sexo un buen rato y que no se les acerquen ni para piojito. Valores entendidos que nadie pronuncia, pero los asumen tal cual.

Conozco hombres que, de plano, prefieren no llegar a casa, aparecen al día siguiente, ya que su mujer es de ésas que dicen no tener a dónde ir y cree que no sería nada sin él, entonces ellos viven seguros de que no los van a dejar (no tienen ni cómo) y se portan de la fregada.

Estamos en una época donde el hombre condiciona con dinero y la mujer con sexo.

El poder de cada género. ¡Qué fuerte! Como veo, doy.

Mujeres que califican a los esposos según gasten en ellas. Entonces, si pagan todos los gastos de la casa, el súper orgánico, manicure, pedicure, facial, clases de spinning, ayuda de planta, nana para los niños y no se quejan de uno que otro tarjetazo, entonces son LOS ESPOSOS DEL AÑO.

Hay casos en los que no les dan un peso en efectivo a sus mujeres y sólo pueden usar la tarjeta, así saben exactamente dónde, cuándo, a qué hora y cuánto se gastaron y en qué; están miles que pintan el cuerno y al día siguiente, regalan unos aretes divinos, los que la mujer agradece y olvida de inmediato la discusión en la que estaban; las tantas que dicen que van al retiro espiritual y están con el instructor de spinning en Tepoztlán; las que se ven un día a la semana con su galán, que es casado pero “pobrecito, se ve que su esposa está loca, y ya la va a dejar.” Jajaja, los que dejan a la esposa por la chavita conductora casi encuerada en televisión nacional, en fin, tantísimos ejemplos.

Podemos enumerar pros y contras de la vida de ellos y la nuestra. Cada quién, hágalo. ¿Quién da más? Si traes leche chorreada en la ropa, porque tu bebé vomitó hace ratito, no te has podido bañar, son las tres de la tarde, como yo, mientras tu esposo está comiendo delicioso con amigos y cubas viendo el partido, sí, probablemente tu respuesta fue: “OBVIO YO” jajaja, pero hay que profundizar.

Si tú trabajas y te choca la idea de que él te mantenga y decides pagar la mitad de la renta, está perfecto. Si tu onda es no trabajar nunca porque jamás lo has hecho y quieres cinco hijos y tienes el tiempo y los medios para mantenerlos y cuidarlos, está perfecto. Si te casaste con un junior que se va a trabajar a las once de la mañana y no te afecta y te encanta desayunar con él, por ahí de las diez y media, está perfecto. Si tu esposo es un dizque emprendedor y lleva tres años sin generar un peso (mientras imagina ideas geniales que ya mero van a cuajar) y tú le depositas su quincena y pasas al oxxo a comprarle sus cigarros saliendo de trabajar, está perfecto.

Están los que no pagan la colegiatura porque no se perdieron una sola ida al bar ni le fallaron una sola vez al amigo cómplice, de ésos muy divertidos que cada hombre tiene –al menos, uno- cerca. Y tú le prestas y no hay mayor problema, está perfecto. Al que ya no le alcanzó para los pañales o para ir de repente a la playa con su mujer, porque sus prioridades fueron otras, ahí creo que es la mujer quien debe revisar sus prioridades. Y no poner en primer plano a quien te pone en cuarto lugar. Nada está mal o bien, el tema es tener pactos que les funcionen a los dos y cumplirlos con adultez y con amor.

Para eso se hicieron, ¿o no? Los tratos que no se cumplen fueron sueños guajiros y pérdida de tiempo. Prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila.

Las relaciones ya son lo suficientemente complicadas como para agregarles broncas. Está perfecto lo que les funcione, lo que realmente los tenga en paz.

Pero es verdad eso de «Como veo, doy” en todo. No me sorprende que aplique también en los matrimonios, ejemplo, si te tienen consentida, te involucran en sus planes, no pierde las ganas de ir a cenar contigo, prefiere estar en casa a estar borracho en las calles y los bares cada tercer día, te valora, te agradece, pues sí, es verdad, en la noche, claro que tú también mueres de ganas de comértelo a besos, pero cuando llegó a las seis de la mañana hecho una piltrafa, no se despertó a convivir con sus hijos al día siguiente por estar crudo, apesta, no se acuerda a qué hora llegó ni cómo, obviamente no lo quieres por ningún motivo encima de ti, ni a un ladito. Destila parranda y no invita a la cercanía, punto.

Esta lectora no está equivocada, si ellos quedaron en algo, el se comprometió a encargarse de todos los gastos y ella lo aceptó, él cumple sin cantarle cada centavo y ella disfruta el tenerlo contento y satisfecho porque al final a ella se le regresa y es realmente feliz con su pareja. ¡Bravo!

Aprendo mucho con sus mensajes desde que arranqué con el blog. Agradezco tanto que me cuenten sus historias, me invitan a reflexionar. A veces pienso que lo que para mí no podría ser, a otra pareja le funciona y los tiene felices y para sus hijos, verlos así es algo que van a agradecer tantísimo y seguramente los convertirá en mejores seres humanos. Cada quién sabe qué es para uno y qué no. Lo cuadrado no funciona. Lo único importantes es que cada uno según sus preferencias (de todos tipos) sea cómplice de su pareja, hagan acuerdos juntos, los cumplan y vayan viendo si les funcionan y les permitan crecer como pareja. Cualquier pacto va a ir cambiando porque vamos cambiando nosotros y se irán amoldando a cómo estar mejor juntos. Ese es el punto. ¿Hicieron acuerdos? ¿Ya no les acomodan? Cámbienlos, para mejor, estando los dos convencidos de que eso es lo que van a intentar. Irán haciendo tantos cambios como la relación lo exija y todo en un ánimo de ir compartiendo la vida a mejor.

Nadie dijo que las relaciones sean fáciles ni sencillas, pero las escogemos a placer para ser felices con alguien más. Y a la pregunta ¿Quién da más? No es competencia. Habrá que dar con la fórmula de cada uno para estar mejor con la compañía que elegimos. De eso va. Escriban sus acuerdos, sus promesas y así lo pueden revisar cada tanto y actualizar con un brindis. ¡Empiezo hoy mismo!

 

7 Comments

  1. Me llama la atención el “estamos en una época donde el hombre condiciona con dinero y la mujer con sexo”… mmm estamos? Época? Yo creo que al contrario, eso ha pasado toda la vida, y seguirá pasado y mientas más empoderada este la mujer pasará menos, porque no te van a poder condicionar a nada a pesar de que ese sea su deseo…

    1000% de acuerdo con que está perfecto lo que cada quien decida en su dinámica de pareja, sea cual sea

  2. ¡Hola! Hace poco tuve la fortuna de seguirte en Instagram y ahora en tu blog. No soy casada, ni soy mamá, pero si me encuentro en una relación que ha tenido muchas altas y bajas y debo confesar que de los artículos que he leído me han llegado, en varios aspectos. ¡Gracias pq sin querer queriendo haces que no olvide lo que una mujer empoderada puede lograr hacer sin olvidarse de ella!

    ¡Felicidades!

  3. Mel Muchas gracias,
    Estoy deacuerdo contigo, amo tu pagina, me encanta seguirte y gracias por compartir tanto.
    Actualmente vivi en USA y por temas de inmigración de esperar un poco( me parece eterno) para ser independiente, extraño mucho mi trabajo, familia y amigos y sobre todo sentirme yo, el precio por estar en USA con él hombre que decidi estar, es un precio muy alto, se me ha dificultado mucho, tengo dias buenos y otros no tanto, es muy complicado, siento que estoy en una dinamica que no me gusta pero almenos es temporal.

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