No soy la única que, en estos días, odia a Luis Rey, gracias a la serie que se puso tan de moda y, a la vez, va tarareando las canciones de Luis Miguel en el coche, la casa y en la regadera. De eso, estoy segura. Una lectora de este blog, y amiga, Andrea, me sugirió el título de esta entrada y me encantó.
¿Culpable o no? Creo que la culpa ha estado como nunca presente en mi vida desde que nació mi bebé, son ya casi seis meses, y sentirla, a cada rato, es agotador. Siento culpa de tener que salir y dejarlo en casa, culpa de no haberle podido dar leche materna, por mucho que lo intenté, culpa de usar la técnica de dejarlo llorar para que luego duerma toda la noche, culpa, de las veces que he salido con mi esposo y al día siguiente ando desvelada y agotada, en lugar de bajar temprano al parque con él, como todos los días. Uf, toda esa culpa.
Ahora entiendo, Mamá. Por ahí va lo que quiero decir.
Acaba de pasar el día de las madres, el primero en que me toca celebrar a mí.
Aquella frase que nos decían “ “Ya tendrás a tus hijos” es totalmente cierta.
Y ahora me acuerdo, cuando en plena adolescencia, le contestaba a mi Mamá, cosas como: “Tú nunca has hecho nada por mí” o “Tú, ni me quieres”, tantas tonterías que ahora, que soy Mamá, siento que si me contestara algo por ese estilo, me darían ganas de castigarlo un año. (Y ojo: apenas tiene cinco meses, qué será después)
Desde el embarazo, lo que vivimos en nuestro cuerpo, que a su vez, forma a otro, es durísimo.
Cuando te patea, te ilusiona, cuando se deja de mover, así sea un ratito, te apanica, cuando no te deja dormir, por meses, y te dicen: “va a pasar, es un ratito”, es FALSO. Lamento contradecir lo que nos dicen para alivianarnos. A mis ojos, el insomnio en el embarazo es el calentamiento para lo que viene. Me acuerdo de que yo me reía, incrédula, cuando mi cuñada me decía: “No sé qué vas a hacer tú, sin dormir, te vas a volver loca”. Por dentro, pensaba: “Qué exagerada, mis dos mini siestas al día, nadie me las quita, además voy a dormir cada vez que mi bebé duerma, lo resuelvo fácil”. Pero en resumen, desaparecieron mis siestas y mis ocho horas corridas, de sueño.
Cuando no duermes, te vuelves fea por fuera y por dentro. Ojeras, irritabilidad, dolores de cabeza, subes de peso, problemas gastrointestinales, baja el deseo sexual, problemas de memoria, depresión, entre otros.
Todo esto, científicamente comprobado, no es mi lista (mía, de mí). Esto sucede cuando dejas de dormir.
¿Cuántas veces han escuchado a un esposo decir cosas como…Se descuidó, cañón, ya siempre le duele la cabeza cuando quiero acercarme, hace meses no hacemos nada, está insoportable, y un muy largo etcétera…?
O, a los hijos, decir… a mi Mamá se le olvida todo, no se concentra, en el refri ni hay nada, está toda fodonga, en pants, ni hace nada, y otro más largo etcétera…
¡Está muy cañón! A la mamá le “toca” tener la casa perfecta, la comida, que le gusta a cada uno (porque hasta eso), saber dónde está todo (porque solo ellas encuentran lo perdido, lo que “nunca” está), verse bonita, arreglada, cuidada, peinada, pintada, flaca, buena, bien vestida, encargarse de los regalos de las piñatas, los postres que va a llevar a los compromisos sociales, los hijos, educados e impecables, el esposo y sus camisas almidonadas (que conocí lo que era el almidón ya de casada, obviamente) y aparte de todo, en la noche estar linda, depilada, perfumada y con unas ganas bárbaras y desenfrenadas de hacer el amor.
Y luego, para colmo, llegamos los hijos, me estoy acordando y muero de risa y de pena con mi mamá y decimos… ¿Oootra vez sopa de fideo?, ¿Sigues en pijama?, “Tú ni trabajas”, “¿Qué hiciste todo el día?”, “Cómo, ¿no hay Tajín?”, entre un más largo etcétera. Jajajajaja, perdón Ma, sé que estás leyendo esto, neta, perdón.
O los que somos hijos de divorciados, que fue mi caso. Mis hermanos y yo estábamos convencidos (así nos lo habrán repetido) de que mi mamá había dejado al “pobrecito” de mi Papá (sin razón alguna, qué injusta) y la culpamos muchos años, muchos, porque ella, y solo ella, había “destruido” nuestra familia (así de fuerte, hoy imagino lo que debió sentir) sin tener la menor idea de lo mal que ella la pasaba con él, como pareja, y aunque fue un excelente papá, ella nos puso -desde chiquitos- la pauta de no quedarnos en donde no seamos felices, ¡claro!, habiendo luchado, intentado en terapia de pareja, agotando los recursos que cada uno considera suficientes peeero, no quedarnos en donde no te ven, donde no te escuchan, donde te hacen sentir invisible. ¡Gracias Mamá! Por haberlo intentado, por haber estado diez años casada y por ponerte a ti por delante, a tu dignidad, amor propio y conocer lo que vales. Los hijos tampoco queremos a una mamá apagada o invisible. Eso duele más, seguramente. Ni queremos papás juntos que no son felices (porque eso se queda como ejemplo, resignarse a pesar de lo que sea, y se contagia).
Pero para saberlo, tenía que pasar el tiempo y conocer el matrimonio (que tiene tanto su chiste) y ser mamá.
De acuerdo. No podemos darle poder a nadie de hacernos sentir culpables, ni nuestra pareja ni nuestros hijos. Seamos congruentes con lo que pensamos, decimos y hacemos. Pero a veces, somos nosotras mismas, las primeras en poner la culpa en todo, habrá que revisar por qué. Es el amor inmenso de fondo lo que te asusta, te mueve, te hace dudar y es fácil caer en ese lío de la culpa.
Que se sienta culpable Luis Rey, retomando la serie con la que arranqué. Ése sí, ¡qué barbaridad!
Culpable o no, lo decide cada una de nosotras. Si no han visto la serie, se las recomiendo.

Mel, que bien escribes! Felicidades!
Muchas gracias por leerme Jesús!
Excelente y cierto , me encanta leerte!!! Yo digo que hay que tomar las cosas con calma y ver mucho por ti aunque sea muy complicado, porque si tu te pierdes de vista todo lo demás vale gorro.❤️
Cuanta verdad en todo lo que escribes, uno valora más a su madre ya que se vuelve una.
Totalmente de acuerdo. Gracias por leerme Ana!